Imagen de perfilPara mí.

Sergio Arce Sobrao 

Consulto una vez más su expediente. Leo su nombre mientras paso mis dedos por la cuidada caligrafía y regresa a mi cabeza su enigmática mirada, su esbelta figura, su caminar elegante. Observo cautivo las fotografías de su detención. Siento que de algún modo me inmiscuyo furtivamente en su intimidad, pero mi obsesión es más fuerte que mis principios.

No estoy orgulloso de mi traición, pero no tenía otra alternativa. Cuando acabásemos todo el proceso quería marcharse, abandonar el país, dejar todo atrás, abandonarme. Sí, podíamos ganar, no era difícil, teníamos todas las cartas a nuestro favor, pero no lo podía permitir. Ella nunca sabrá que fue su propio abogado quien rompió la baraja.

Con una mezcla de ansiedad y júbilo, cierro el expediente y lo introduzco en mi maletín. Hoy voy a verla de nuevo a prisión. Allí permanecerá mucho tiempo, siempre cerca, siempre disponible. Para mí.

 

 

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