Venganza

Ana Pilar Cortés Bendicho 

Aquella era mi oportunidad, había llegado el día del señalamiento. En la tercera fila, sentado entre el público, estaba él. No he olvidado ese rostro, que me persigue incluso en sueños. Cejijunto y malcarado, como corresponde a un sujeto abyecto y miserable. Con una deleznable sonrisa en el rostro pronunció la sentencia: prisión mayor, y ni oír hablar de la absolución solicitada por mi abogado. Cumplí la condena, diez largos años en aquel cubo infestado de cucarachas, y después marché a Europa y aprendí una profesión, la de mago. Redoble de tambores, y un voluntario elegido a dedo. Por supuesto no me reconoció: demasiado tiempo y demasiados condenados por su mazo implacable. Nada por aquí, nada por allá. Por favor, tenga la bondad de introducirse en la caja. Señoras y señores, ahora cortaré al amable voluntario con este serrucho. Sangre. Gritos del público. En el circo, siempre puede haber fallos.

 

 

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