Un paraíso

Encarna Martínez Oliveras · Móstoles (Madrid) 

Por mucho que él fuera un mago de las finanzas, esta vez tenía claro que no se podía sacar una absolución del sombrero. La estafa era de antología y su patrimonio se había elevado al cubo en cinco años. Ya había tenido lugar el señalamiento y faltaban cuatro días para el juicio; se imponía tomar una decisión. Se había librado del arresto domiciliario y de la prisión preventiva. No sería difícil tomar un vuelo hacia algún país de Europa y desde allí, a un paraíso fiscal. Miró el reloj. Hizo una llamada y cuando colgó, tras quedarse cinco minutos sumido en sus pensamientos, se dirigió a su dormitorio para prepararse. Cuando su abogado se presentó en su domicilio el lunes, no obtuvo respuesta. Tampoco el miércoles se presentó al juicio: una sospecha cruzó la sala. Derribaron la puerta. Tuvieron que entrar con mascarillas: el hedor, era ya insoportable.

 

 

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