Romance de «ciegos»

Julio García Castillo 

Esta historia judicial/ circula por toda Europa desde Madrid hasta Londres/ de Roma a Constantinopla. Un mago de las finanzas/ tenia tales poderes que transmutaba el dinero/ en mansiones y placeres. Endeudado hasta las cejas/se quedó corto de tela y tuvo que recortarla/ a su ingenua clientela Con las manos en la masa/fue pillado el interfecto y es que en esto de la estafa/ no existe el crimen perfecto. Pero por birlibirloque/ o por técnica legal los plazos fueron pasando/ sin causarle mayor mal Y cada señalamiento/ en el limbo se perdía el fiscal alucinado/ traspuestas sus señorías ¿Pensáis que el magnate era/ más inocente que un cubo? ¿y todo el procedimiento/ una cortina de humo? Finalmente el taumaturgo/ consiguió la absolución y no por falta de pruebas/ sino por la prescripción. Consejo a los abogados: / no tengáis tantos prejuicios mareando la perdiz/ se ganan algunos juicios

 

 

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