Parecidos razonables

Javier Serra Vallespir 

Cuando abandoné mi carrera en el bufete más prestigioso de Europa para dedicarme profesionalmente al espectáculo de la magia mis colegas creyeron que había enloquecido. Su Presidente de Honor en persona llegó a recomendarme los servicios de un psiquiatra. Una década después he comprobado algo más sorprendente que el mejor de mis trucos: la mínima diferencia existente entre ambos oficios. Verán: Como abogado preparaba minuciosamente los juicios hasta el día marcado por el preceptivo señalamiento, realizaba asombrosos números de prestidigitación legal, escapaba de las trampas urdidas por el fiscal y aguardaba ansioso el momento de la esperada absolución de mis defendidos. Como mago, reflexiono sobre cómo mejorar el show hasta el día del estreno, realizo asombrosos números de prestidigitación -a secas-, he escapado incluso de un cubo de dos metros de lado infestado de escorpiones y hasta que el público aplaude ignoro su sentencia. ¡No sé qué tiene más mérito!

 

 

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