Olor a lavanda

María Serrano Álvarez · Arganda del Rey 

Cuando Eduardo terminó la carrera decidió especializarse en derecho comunitario. Quería ser mago, convertir en realidad el sueño de Europa. Partió hacia Bruselas un verano y en el mismo aeropuerto conoció a Marié. Poco después vivían juntos en un estudio, un pequeño cubo para dos. Él era feliz entre señalamientos y recursos, no así Marié que recordaba con nostalgia el olor a lavanda de su casa. Eduardo pensaba que era sólo cuestión de tiempo. Y el tiempo pasó. Un día al llegar a casa encontró una nota: ”Te espero en Francia”. La rabia pronto se convirtió en un dolor insoportable. Dejó pasar mil días antes de hacer la maleta. Fue la última estación la que olía a lavanda. Y cuando a través de los cristales vio a Marié, con lágrimas en los ojos, supo que había llegado a tiempo, que había logrado la absolución.

 

 

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