Leyes, las justas

Luis Miguel Helguera San José · Valladolid 

El señalamiento del juicio oral contra el acusado había despertado gran expectación. El mago Moonbraker subió al estrado y comenzó a responder las preguntas mientras hacía desaparecer al fiscal. La defensa, evidentemente, pidió la absolución de su cliente. Luego, se introdujo esposado en un cubo y se dejó atravesar por unos afilados sables que clavó un perito. Tras salir indemne, abrió una baraja y se la ofreció al juez, que eligió la sota de copas. Moonbraker la extrajo sin tocar el mazo y la mostró al jurado popular. Después, sacó un ramo de flores de la oreja de un ujier. Antes de retirarse, repartió unas invitaciones para el Gran Circo de Europa, con importantes descuentos. En medio de una clamorosa ovación, reapareció el fiscal del brazo de dos exuberantes ayudantes del mago. “Orden en la sala… es el turno de la parte demandante”, exclamó el juez. “Que pase el faquir”.

 

 

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