Guruceta

Enrique Barrero · Sevilla 

Mi marido podría centrarse de una vez por todas e intentar ejercer la carrera dignamente, con cuatrillizos que hemos tenido. Tiene fama de pésimo abogado penalista y me estoy quedando sin argumentos para defenderlo. Me duele que sus compañeros se mofen de él y lo llamen Guruceta. Su afición al arbitraje va a costarle un día un disgusto por esos pueblos de Dios y dejarme a mi viuda. En el último partido tuvo que salir a la carrera y oculto en el maletero de un coche mientras la afición enfurecida aguardaba en la estación para ajustarle cuentas después de pitar un penalti en el último minuto. No gana un solo asunto y mi nómina no da ya para tantos dodotis. Tiene miga que yo, enfermera, tenga que estar aquí con dos hijos en cada mano redactándole una querella mientras él está este fin de semana arbitrando en Villanueva.

 

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