El encargo

Enrique Javier de Lara Fernández · Alcalá de Henares (Madrid) 

Apoltronado tras la mesa de mi despacho malgastaba las horas con el críptico cubo del tal Rubrik; no tenía nada peor que hacer. Tampoco lo tenía, al parecer, aquel tipo que acudía a un vulgar leguleyo como yo, para que procurara retrasar el señalamiento en la causa que, de producirse, con toda seguridad lo extraditaría de Europa. Su estrategia consistía en ganar tiempo para más tarde solicitar la absolución. Le pedí información referente a, digamos, su proyección profesional. Había cometido cientos de estafas en su país pero, como todo mago que se precie, jamás desvelaba un truco. Escéptico, encogí los hombros. Entonces me arrebató el cubo y de cuatro ágiles movimientos compuso cada cara en su color. Aquello me hizo comprender que sabía incentivar a los colaboradores, por eso acepté el encargo.

 

 

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