El cubo

David Guijosa Aeberhard · La Laguna (Santa Cruz de Tenerife) 

Se cumplía la fecha del señalamiento para el juicio oral. Estaba prácticamente decidido, no habría absolución. Las pruebas: un puñal con huellas, testigos oculares de la fiesta y aquel cubo negro del tamaño de un televisor pequeño. La única pregunta por responder la hizo el fiscal cogiendo el recipiente. -¿Dónde ocultó usted el cadáver? En la declaración rezaba que lo había lanzado al interior del cubo y, sin embargo, estaba claro que las dimensiones del objeto impedían que un hombre cupiera allí. -En la Europa del siglo XXI, por favor, muéstrenos cómo lo hizo desaparecer en este ridículo artefacto. El acusado hizo lo que le pedían: primero introdujo una mano, luego el brazo y tras él la cabeza con el cuerpo entero; y de repente se había esfumado frente a los ojos de los asistentes. Todo seguía la lógica. Un mago nunca desvela su truco.

 

 

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