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María Gil Sierra 

Cuando la conocí, todavía se llamaba Juan. Pero en su brillante currículum ya figuraba el nombre de Elena. Por supuesto, el empleo fue para ella. Como director de recursos humanos nunca lo dudé. Y eso que se encontraba en medio de un proceso personal muy complicado. No necesité demasiado tiempo para comprobar que había hecho la mejor elección. Con ella aumentó rápidamente nuestra capacidad productiva. Su lema, “Por una sociedad inclusiva”, se convirtió en el leitmotiv del bufete. Nunca pensé que tantos clientes buscasen nuestros servicios. Y todos pedían que los representase Elena. Así que el crecimiento de su reputación se desbordó. Hasta la revista Time se hizo eco de su lucha por promover la integración. Quisieron entrevistarla. Y ella los rechazó aduciendo que estaba muy ocupada. No mentía. Ese mismo día, comenzaba nuestro viaje de novios.

 

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