Mi hermana mayor

José Delclaux Abad · Madrid 

Cuando mi hermana le respondió que pensaba irse a bailar al Gominola de todas todas, papá se puso hecho una fiera, le dijo que llevaba una pinta ridícula y que parecía una extraterrestre, y ella replicó que él parecía un espía de la KGB, y pegó un portazo hacia la calle que sonó como una sentencia. “¿Ah, sí?”, dijo papá entonces y, rojo de ira, sacó toda la ropa del armario de Laura y comenzó a cortarla con unas tijeras, despacio, meticulosamente, como un auténtico letrado en el arte de la destrucción textil. Cuando Laura regresó y vio aquello, no reaccionó. Le temblaban los ojos. Luego de pronto se acercó a él, le abrazó y comenzó a acunarle, llorosa, y yo volteé la vista al cielo, esperando la súbita aparición de un cohete espacial que lo explicara todo: como había dicho papá, Laura sólo podía ser de otro planeta.

 

 

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