Mala elección

Teresa Lagranja Vallés · Castellón de la Plana 

Durante mi larga vida de espía me vi obligado a matar muchas veces, pero debido a mi gran astucia nunca me descubrieron. Los años, sin embargo, me hicieron descuidado y al fin me sorprendieron intentando robar los planos de aquel cohete. A pesar de todo pude haber salido indemne; las pruebas en mi contra eran circunstanciales, nadie me vio estrangulando al pobre guardia de seguridad. Pero la justicia divina no estaba dispuesta a perdonarme y me hizo elegirle a usted, entre tanto letrado que pulula por el mundo, para que se encargase de mi defensa. En ese momento yo mismo firme mi sentencia. Porque solo usted es capaz de enfrentarse al fiscal chupeteando una gominola de fresa, de escupirla a la cara del juez en un golpe de tos y de llorar de risa luego. Después de aquel espectáculo, mi condena era inevitable.

 

 

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