Madre coraje

Jose Arístides López de Rodas Campos · Albacete 

Tras declarar culpable a un hombre por servir alcohol a menores, me quito la toga y salgo a la calle. Entro en un bar cutre donde no es probable ver a un letrado. A mi izquierda, una mujer observa su café humeante y, con disimulo, espía al camarero. La miro de reojo. Es guapa. Muy guapa. Y su perfume alivia el tufo espeso de este antro. La veo morder con gracia una gominola; me pregunto qué hará aquí una mujer con clase. De pronto, se vuelve hacia mí, y yo, cortado, miro al suelo. Pero ella rescata mi mirada y, sonriendo, me dice: “¿Conoce usted al dueño de este bar?” No lo conozco, pero, sin saber por qué, contesto: “Soy yo”. Como un cohete, su bolso impacta en mi nariz. –“Esto es por mi hijo”, sentencia. “Por la tajada que trajo anoche. Sólo tiene 15 años, ¿sabe?”

 

 

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