Los sueños

Eloy Serrano Barroso · Madrid 

Una tarde el cielo se oscureció de pronto y empezaron a llover gominolas tan grandes como sueños de juventud. Y quizá ese prodigio fue el origen de que Ulises y yo, aspirantes a letrado, abandonáramos el estudio de las sentencias y comenzáramos a fantasear. “Quiero viajar, ser espía y explorador en países exóticos”, dije yo. Ahora, pasados los años, acudo puntualmente a mi trabajo, donde ficho en una máquina que con su clicli parece contabilizar las horas que me restan de vida. Luego dejo la fiambrera en la taquilla, me visto con un remendado traje de explorador y actúo para los visitantes del parque de atracciones, entre leones autómatas, ríos de mentira y cohetes de cartón piedra. El destino de Ulises fue diferente. “El mejor viaje es el viaje interior”, había dicho él aquella errática tarde, segundos antes de ensimismarse. Desde entonces no he vuelto a tener noticias suyas.

 

 

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