Inadvertido

Agustín Martínez Valderrama · Gavá (Barcelona) 

Apenas pude contener la risa al ver a su señoría disfrazado de cohete. Ni al joven letrado vestido de gominola. Aunque al final, ganó el fiscal, caracterizado de sentencia. La segunda posición fue para el hombre bala. Y terceros, empatados, quedaron el espía y la tonadillera. Yo, pasé inadvertido. No obtuve ni un solo punto. Y terminé en último lugar. A pesar de interpretar fielmente mi papel durante toda la noche. Di más de veinte viajes entre el juzgado y la furgoneta. Y además de joyas y carteras, también sisé los ordenadores. Incluso, reducí y maniaté al vigilante. Mientras, los invitados bebían champán y engullían canapés. Indignado, me marché tras la entrega de premios. Y al salir, tiré los guantes, el pasamontañas y la pistola. No logré conciliar el sueño. Pero el disgusto desapareció al día siguiente. Cuando me reconocí, estupendo, en la portada de todos los periódicos.

 

 

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