El nuevo abogado

Javier Pedraza Herrero 

Las puertas del bloque A se abrieron para dejarle entrar. Era un prometedor abogado recién licenciado y estaba algo nervioso antes de entrevistarse con su defendido. Pensaba en grandes alegatos, en la justicia, en el triunfo de los humildes contra los poderosos buitres y pirañas del mundo.
Su cliente no aparentaba, sin embargo, ser un héroe detenido injustamente. Más bien aparentaba ser lo que en realidad era: un zoquete estúpido y engreído que había apuñalado a un hombre para robarle. Durante la charla con su cliente, le asesoró sobre la mejor opción que le ofrecía el sistema legal. Y pese a hacer su trabajo, una sensación desagradable le estrujaba el estómago.
Su defendido obtuvo la sentencia más leve posible. Esa noche, el joven abogado se hundió en su cama, y en la soledad suplicó a Dios que nunca le dejase acostumbrarse a aquello, que no dejara de estrujarle el estómago.

 

 

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