El gato

Carme Carles Félix · Tarragona 

El letrado tenía un gato. Era un delgado siamés de ojos azules. Le puso por nombre “Gominola” por su capacidad de estirarse y pasar por sitios insospechados. Era “Gominola” un gato curioso. Como un espía se metía sigilosamente por todas partes, averiguando todo lo que se le antojaba digno de ser estudiado a fondo. Pero lo que destacaba sobre todas sus virtudes era la capacidad de dictar sentencia tan pronto como aparecía alguien culpable de un delito. Dos maullidos lastimeros era signo inequívoco de que el presunto delincuente que esperaba ser recibido por el abogado era culpable de la pena que se le imputaba. Para evitar malos entendidos, cuando recibía alguna visita lo encerraba en el armario de la limpieza porque una vez mientras recibía la visita de un personaje muy influyente entró “Gominola” en su despacho como un cohete, se plantó ante él y soltó dos lastimeros maullidos.

 

 

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