El alquimista

Julio Montesinos Barrios · Córdoba 

Martin Obermayer era un verdadero alquimista, miembro de una vieja estirpe que dominaba los arcanos del proceso de elaboración de las gominolas. Conocía el secreto de los hidrocoloides, mágica serie de sustancias capaces de espesar el agua y lograr la textura característica de éstas. Azúcar, aromas y esencias mezclados en el misterioso atanor de su laboratorio. Tanto el juez Klaus como el letrado Strasser daban buena cuenta de su última creación mientras lo contemplaban inquisitorialmente, refrescando su yermo paladar con aquella explosión dulce de sabor a niñez. Un diminuto cohete que se deshacía en la boca en lo que dura un mal pensamiento. Como el que Obermayer tuvo cuando acabó con el espía que intentaba descubrir su piedra filosofal. La sentencia supo a poco a Strasser, quien seguramente hubiera pedido mayor pena si llega a saber que uno de los componentes de la golosina que degustaba era el infortunado espía.

 

 

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