Imagen de perfilDormiré tranquilo.

José Francisco Palma Domínguez 

¡Cinco! Con toda seguridad esta vez triunfaré en mi enfrentamiento con el novedoso programa de envío de documentación vía Internet. La idea del programa es buena. Se agilizarán los asuntos judiciales y miles de árboles se salvarán de convertirse en papel. Papel que pasaría, formando parte de Autos, a combar las estanterías de los Juzgados.
¡Cuatro! No tengo plan de ataque, pero después de cinco intentos una optimista experiencia me dice que ya domino el asunto.
¡Tres! Firmo digitalmente la contestación a la demanda cuyo plazo de vencimiento es próximo. Bien.
¡Dos! Tensión. Accedo de nuevo y ¡no se ha colgado la web! Pongo la contraseña. Es aceptada. Bien.
¡Uno! Relleno el formulario. Adjunto la documentación. Aceptada. Bien. Señalo la opción de enviar y la documentación sale disparada por la red. Dudas.
¡Cero! Me notifican la recepción por parte del Juzgado. Bien. Supero la prueba. Esta vez podré dormir tranquilo.

 

 

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