Orgullo de padre

Sol García de Herreros · Segovia 

Cuando abandoné el derecho por la política, mi padre, magistrado del Supremo, estuvo meses sin hablarme. Ahora, años después, padece Alzheimer y todo es distinto. Siempre está preguntando por ti y quejándose de lo poco que te ve, me reprocha mi hermana, cuando nos encontramos los días de visita. Aunque ha olvidado casi todo, a mí me reconoce al instante y disfruta hablando conmigo. Hay días que recupera una exhaustiva memoria profesional, pasa horas contando anécdotas de sentencias, de conflictos de jurisdicción, de multas millonarias… Otros le da por abrazarme y repetir lo orgulloso que está de mi y de donde he llegado, mientras mi hermana observa mi reacción con verdadero morbo. Dice que el pobre sonríe cuando descubre mi foto en los periódicos, pero ya no sabe leer los titulares :»Condenado por cohecho y malversación”, “Unánime repulsa desde todo el espectro político”. Tampoco reconoce ya la carcel.

 

 

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