¡Demándales papá!

Pedro Fernández Puig · Getxo (Vizcaya) 

El desayuno familiar se interrumpió. Del pan de molde a medio untar sobresalían dos alas chamuscadas. Una mosca se había integrado en la miga durante la fabricación. -¡Demándales! -gritó mi hijo pequeño de ocho años-. -¡Que asco! -exclamó la mediana-. -¡Cómetelo! -dijo el mayor-. Mi mujer reía, divertida. -¡Demándales! -repitió el pequeño-. -¡Eso! -remachó el mayor- ¡daños morales! Estaba perplejo. Mis batallitas de abogado calaban más profundamente de lo que pensaba. Sólo mi hijita parecía mantener la cordura. -¡Chúpales la sangre!, dijo por fin mi tierna descendiente. Hablé con atención al consumidor. Un comercial vendría. Traería un lote de productos, como compensación. Días de espera y fantaseo. El hombre llegó. Sin testigos, intercambié pan y mosca por una pequeña caja. Demasiado pequeña…, pero transaccioné. Miraba la caja…, mis clientes volverian enseguida del cole…. Mi vergüenza profesional me llevó al supermercado. Volvieron. Miraron las cajas. -¡Nuestro padre, el mejor abogado! –exclamaron-.

 

 

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