Vendetta Navideña

David Villar Cembellín · Castro Urdiales (Cantabria) 

El juzgado aquel día olía a revancha: -Así que, según afirma usted, todo es un malentendido –ironizó el juez, atusándose la toga con altanería. -Sí, por supuesto, sí –balbució el acusado, su cuerpo de botijo enfatizando su torpeza. -Pues como yo lo veo, señor, aquí pintan bastos para usted –y enumeró-: allanamiento de morada desde una chimenea, en posesión de multitud de artículos sin acreditar, probablemente del mercado pirata, indocumentado, de nacionalidad desconocida. Por lo que a mí respecta usted no es sino otro “sin papeles” ladrón más, señor mío. -Pero… pero… -tartamudeó -, ¡soy Santa Claus! -Basta, llévenselo –ordenó-. Prisión incondicional sin fianza hasta el juicio. Viendo llevarse al acusado, el juez rememoró. Santa Claus, decía el maldito. Pues claro que era él, como si no le hubiera reconocido. Por muchos años que viviera, el juez jamás perdonaría aquella Enciclopedia Didáctica que recibió el año que pidió el Scalextric.

 

 

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