Prejuicios

Olivia Aranda Fernández · Torredonjimeno (Jaén) 

Mario llevaba seis meses en España. Era de nacionalidad ecuatoriana y había conseguido un trabajo en las obras de reforma de unos juzgados. Aquel día hacía demasiado calor y decidió tomarse un descanso. Al acercarse a beber del botijo descubrió, a través de la puerta entreabierta, el despacho de uno de los abogados. En la sala contigua un grupo de magistrados escuchaba al jefe de obra que explicaba de forma didáctica los cambios en el edificio. Mario aprovechó para entrar sigilosamente en el despacho. Frente a la chimenea una enorme mesa presidía la estancia. A la derecha había un armario del que colgaba una toga. Mario decidió ponérsela, se sentó, imaginó el calor de la chimenea y aquella situación le resultó familiar. Fue entonces cuando apareció uno de los magistrados. -Podría acusarle de apropiación indebida -le dijo. -Y yo podría defenderme si estuviera en mi país, soy abogado -respondió Mario.

 

 

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