Por un botijo

Rafael Moral Ortiz · Barcelona 

Aquel martes, de buena mañana, se encontraba de pie, delante del micrófono, mirando fijamente al juez vestido con su impoluta toga, quién le preguntaba nuevamente por qué lo hizo. Pero él, abstraído, rememoraba la didáctica de aquel trabajo. Quién cumplía con los estrictos requisitos exigidos por el patrón tenía derecho a elevar el botijo por encima de su fatigada cabeza para saciar su sed. Quién no, se veía obligado a contemplarlo en la distancia, envidioso de que otros pudieran acceder a él mientras su paladar parecía cuartearse cada vez un poco más. Y allí se encontraba él, sudando el último aliento que quedaba en su interior, construyendo bajo el caluroso sol aquella ridícula chimenea que calentaría los inviernos de alguna acomodada familia. ¡l con eso ni soñaba. Todo por ser diferente. Sólo por ser de otra nacionalidad.¡€™Por qué maté al patrón, dice usted??.

 

 

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