Fin de Semana

Ismael Martínez Pérez · A Coruña 

Llegué a casa cansado y aburrido. Deseando alcanzar el fin de semana para colgar la toga, sentarme delante de mi chimenea y agarrarme a la botella de whisky de nacionalidad escocesa, cual botijo, para vaciar el estrés. Allí estaba mi padre. Me senté, y por aquello de guardar las apariencias dejé lo del whisky para más tarde. -Qué afortunado eres, como te envidio –le dije- Permaneció en silencio, no dijo nada. Lo había convertido en costumbre, escuchar primero, para dar un sabio consejo después. -La abogacía es un infierno, montañas de papeles, jornadas interminables…, siempre con sus entramados, su doctrina y su didáctica. Es agotador. Pobre hombre, sentí su frustración. Buscaba palabras de ánimo, pero no le salían. -Estoy harto de la abogacía padre –le miré a los ojos. -Hijo mío –dijo él- ¿No sería mejor que te quejarás después de sacar la maldita carrera?

 

 

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