El Botijo

Cirilo Rodríguez Frías · Santa Cruz de Tenerife 

Lo trajo de la prisión la policía. Estaba gordo y descuidado, con mirada de loco. Una prostituta de nacionalidad colombiana lo había acusado de violación. No me fue difícil sacarlo absuelto.

Volvió a pedir por el centro de Madrid, con un botijo al lado, símbolo del ecologismo que predicaba con la didáctica de un iluminado. ¡Abogado! ¡¨Cómo está?

Quiso ser un profesional de la toga, hasta que las drogas, la enfermedad mental, o ambas cosas, lo apartaron de la carrera, que estudiábamos juntos.

Cuando oí que estaba ardiendo un piso en la calle O?Donnell, y que se sospechaba que había alguien dentro, enseguida me acordé de él. Había entrado, cerrado puertas y ventanas y abierto dos bombonas de butano. Luego encendió el mechero. El piso quedó destrozado pero, incomprensiblemente, al lado de la ennegrecida chimenea se encontró intacto un botijo, que su madre me regaló como recuerdo.

 

 

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