Sin arrepentimiento

Jon Aldecoa Viña · Sevilla 

Sabía que el abogado de la víctima sólo pedía justicia y que él defendía lo injusto. Sin embargo, amparándose en las justificaciones de siempre -la verdad es relativa, solía decir-, defendió el asunto con brillantez, empleando los efectivos argumentos de tantas otras veces: “Se encontraba bajo el síndrome de abstinencia. El estrés lo superó. No era dueño de sus actos”. En su despacho, con la sentencia en la mano, intentaba ahora transmitir a su defendido el éxito conseguido. Sin embargo, no era capaz de articular palabra. Su propio cliente le apuntaba con una pistola a la cabeza. Con la mirada fija en el cañón empezaba a pensar que asesinos como aquél, a los que tantas veces había defendido, no debían quedar libres; empezaba a pensar que quizá había estado equivocado toda su carrera. Cuando después de tantos años quería cambiar, la bala se llevó silbando la oportunidad de arrepentirse.

 

 

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