Salvado por el Código Penal

Jesús Granja Antolín · A Coruña 

Hacía un día espléndido. A pesar de ello, Alberto se encerró en su despacho para preparar la defensa que tenía entre manos. Estuvo varias horas trabajando hasta que el estrés le obligó a parar.
Se consideraba un abogado responsable o quizá sólo era el síndrome del trabajo, pero necesitaba tomar el aire. Estaba anocheciendo y pasaba poca gente. Comenzó a caminar llevando el volumen del Código Penal en las manos.
Apenas habría andado diez pasos cuando se cruzó con un muchacho; al llegar a su altura, sacó una navaja y la colocó en el costado de Alberto: ¡Dame todo lo que lleves!
En un acto reflejo, Alberto agarró el Código Penal y levantó las manos como en las películas, dándole con tal fuerza en la cabeza que el joven delincuente quedó inconsciente tendido en el suelo: el peso de la justicia cayó sobre él.

 

 

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