LA LLAMABA JUSTICIA

Abel Molina Iniesta · Terrassa 

Luces diminutas, irisadas, lejanas, tintineaban a través de la fría y clara noche del estrecho. Donde ellos estaban sentados, en cambio, la noche era oscura y ahogaba sus almas en el estrés de un futuro, ciertamente, vacío. Ambos soñaban con llegar al otro lado al igual que el hermano mayor, Said. Sus corazones, sus caras bruñidas, sus ojos color del café, se abrazaban, calidamente, en la distancia. Said había conseguido el otro lado y luchaba por que todos estuviesen juntos, allí, con la ayuda de un abogado. Ese sería el mejor bálsamo, la mejor defensa contra el silencioso horizonte de sus vidas. Tal vez Said, en ese mismo momento, estaría también, al otro lado, mirándoles a través del olor del mar, del aire frío y acompañado por la mirada de reojo del síndrome, del estigma del extranjero o por la novia de sus sueños. ¡l la llamaba Justicia.

 

 

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