J de Justicia

Manuel Pablo Pindado Puerta · Leganés, Madrid 

No había defensa posible. La flecha venenosa lanzada por el malvado Profesor Síndrome fue a clavarse en la J de su pechera. Aturdido, el Capitán Justicia cayó de rodillas. Como sospechaba, no era cierto lo que le habían dicho en la escuela de superhéroes. No siempre ganaría él. Se sintió ridículo, engañado. Su supertraje más parecía un vestido de mujer, sólo llevaba una vieja espada y una balanza, y la espada era inútil si el enemigo era listo y no se acercaba. Batman, por ejemplo, vestía de elegante cuero negro y llevaba todos aquellos aparatos maravillosos. Si al menos no le hubieran hecho llevar esa estúpida venda en los ojos, habría visto llegar al Profesor y habría podido lanzarle la balanza a la cabeza. Aquello era el fin… El abogado despertó bañado en sudor. La tarde de cine con los niños no le había hecho olvidar el estrés del bufete.

 

 

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