Historia de un abogado

Pedro Antonio Herreros Rull · Jaén 

En un bucólico y blanco pueblo de la Sierra Mágina de Jaén, donde un serpenteante río separa dos peñas que antaño fueron sendos castillos medievales, vivió un abogado de figura estirada que no arrogante, semblante serio que no hostil, porte elegante que no pedante y trato afable que no vulgar. Un día, ante un grupo de amigos, expuso su particular síndrome de abstinencia, se confesó adicto a su trabajo, reconoció su dependencia y solicitó ayuda: suplicaba ser un hombre mediocre antes que un excelente abogado. Desde entonces, y con la ayuda de sus más cercanas relaciones consiguió anteponer su condición de especie a la de su profesión, superando su patología. Gracias a ello vivió sosegadamente su profesión sin estrés, lo que no le impidió ejercer sin complejo una defensa a ultranza de la justicia.

 

 

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