Culpa y circunstancia

Diego Rios Padrón · Málaga 

«Abogado, aunque pueda parecer sorprendente lo que refiere el atestado, todo tiene su explicación y defensa. Jamás tuve intención de robar aquel elefante rosa: fue él quién me pidió que lo liberara de la prisión de aquel bar, y que, como si fuéramos unas Thelma y Louise, rompiéramos el yugo de una vida anodina. La belleza de la libertad, o el estrés de la fuga nos causó una embriaguez que achaco a algo parecido al síndrome de Sthendal. Perder el control del coche y perder de vista a Thelma fue todo uno, y aunque la guardia civil observaba mi habla balbuceante y mis ojos enrojecidos como rastros inequívocos de una ingesta masiva de alcohol, eran sólo la pena de haber perdido la oportunidad de cambiar de vida. Búsquela, abogado. Dígale que me espere, como me prometió en el coche, que yo iré a buscarla. Puede que incluso nos casemos»

 

 

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