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Germán Delgado 

Siempre andaba de fiesta, esperando que por un milagro llegara el negocio innovador que me haría millonario. Aquella tarde fui por cervezas, y pasé por casa de una amiga, pero no estaba. Me quedé conversando con su padre, y viéndolo preocupado, le pregunté qué pasaba.
—¿Quieres saber que tengo? —me dijo, sacando de su maletín un documento que me hizo leer: Era una orden de desahucio.
—Discúlpeme —respondí, y él, con sus ojos húmedos, continuó:
—Joven en este mundo no hay equidad. No pierda más tiempo. ¡Estudie! La educación hace la diferencia. Hágase un profesional para que cuando sea viejo no quede desempleado y en la calle como yo.
Ese mismo día le prometí que lo haría y pronto comencé a estudiar derecho. Sus palabras me dieron el valor para el cambio. Llevo más de cincuenta años ejerciendo de abogado y tengo una hermosa casa con vista al mar.

 

 

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