Imagen de perfilEl arca de Noé

SANTIAGO MESSA POULLET 

El juicio a Noé quedó visto para sentencia. Aunque se había evidenciado su entusiasmo por proteger a toda la fauna mundial, el patrón de macho y hembra como modelo familiar animal de referencia, era a todas luces obsoleto. El bosque acogía especies que no cumplieron el protocolo y se quedaron en tierra… o mejor dicho, en agua.
El búho ejerció de contundente abogado defensor, pero los testimonios de la salamandra y la esbelta garza, hicieron brotar la esperanza a no pocas especies, desencadenando la determinante sentencia de la jueza avestruz condenando al barbudo patriarca por el delito de discriminación sexual con el presunto resultado de eliminación de especie.
El ecosistema del arca se tambaleaba, Noé fue condenado a readmitir las especies malditas: animales hermafroditas como ranas, lombrices y caracoles pudieron acceder a la abrumadora embarcación a pesar de su inicial exclusión y evidenciar una sexualidad ambivalente.
Y empezó a llover.

 

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