Imagen de perfilASIGNATURA PENDIENTE

Esteban Torres Sagra 

Me cogió bruscamente por las solapas de la gabardina y me propinó un buen meneo contra una columna del Palacio de Justicia. A su padre y a su abuelo les pasaba igual, como si asociada a su ADN hubiese una especie de pandemia que les impulsara a ser violentos. Los míos tampoco iban a la zaga, por lo que, tres generaciones después, aún estaba sin solventar la escritura de una hermosa pradera, colindante a ambas familias. Cuando iba a partirme la cara con su puño, lo miré fijamente a los ojos y le dije: Mariano, así no. Nosotros tenemos que dar ejemplo de nuestro oficio. Somos abogados y esto lo tenemos que dirimir ahí dentro.
Lo que yo no sabía es que él nunca terminó Derecho y que se ganaba la vida como boxeador profesional.

 

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