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ANTONIO TORIBIOS GARCIA 

Disfrutar de aquella loción para hombres iba a ser toda una aventura. Al menos eso se desprendía de una campaña llena de caballeros de pelo en pecho y ademán escalofriante. No era yo muy dado a este tipo de cosméticos, pero Viky había entrado en casa con la bolsa en la mano, tan ilusionada, que no pude negarme. Me la eché por la noche y soñé que era el rey en un palacio fastuoso. El espejo me devolvió a la realidad más cruel, con la imagen de una especie de ogro de la ciénaga; así de horrible estaba mi rostro lleno de abscesos purulentos.
No me quedó otra opción que denunciar a la empresa. Hoy he conocido a mi abogado y he tenido la absoluta seguridad de que se va a dejar la piel en mi defensa. Solo tuve que mirarle a la cara.

 

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