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Trinidad Ortega Expósito · Jaén 

Se despertó con el firme propósito de dar un vuelco a su vida. Atrás quedarían jornadas vertiginosas para la defensa de políticos corruptos que le terminaron pasando factura y le hicieron tocar fondo.
Durante la sobremesa, el televisor del comedor informaba sobre la detención de un hombre que había sustraído alimentos para dar de comer a sus hijos y el destino quiso que ese caso le fuera asignado en turno de oficio.
La mañana de la vista lucía un raído traje de Armani, mientras se abría paso en medio de un circo de reporteros y activistas que veían sospechoso que se encargara de un caso de esa naturaleza. Ante el juez, logró definir un alegato magistral para tocar su fibra sensible.
Al recoger la sentencia favorable, mostró una gran sonrisa que desapareció al enfilar la calle de su hotel de mil estrellas. El banco del parque, donde dormía, estaba ocupado.

 

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