Imagen de perfilDe tal palo tal astilla

Ernesto Vicente Salcedo Aparicio 

Al pasar cerca de los baños los vio. Cuatro niños de su misma edad acorralaban a uno de los más pequeños. Otros dos cobardicas no paraban de vigilar, escondidos tras una esquina, por si venía el profesor. Estaban tan nerviosos que no se dieron cuenta de que los había descubierto.
Ella analizó la situación y comprendió que, para proteger a aquel chico, aunque sabía que era el acceso más complicado, su mejor opción era esquivar a los centinelas escalando por detrás de las fuentes del patio.
Con la agilidad de un gato fue hacia allí, sin preocuparse por su salud ya que ella misma había sobrevivido al acoso, y se encaró con los matones. Mientras defendía lo que de verdad creía justo, sintió como una emoción maravillosa se adueñaba de ella y entonces supo, con total certeza, que seguiría los pasos de su madre. Sería abogada.

 

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