Una reforma necesaria

Carmen Grimaldi Fuentes · Cádiz 

Aquella casa era su jurisdicción, el único lugar en el que podía mandar, dominar, decir la última palabra. Y ahora?ahora estaba solo, sin nadie. Después de que Beatriz se marchara, lo único que le quedaba era un catarro. Un catarro después de 25 años junto a él, un catarro como premio a su innegable amor. No, no sentía pena, no sentía dolor, no sentía melancolía. Lo que había ocurrido no era más que una reforma necesaria. Ella debía desaparecer, por eso lo había hecho. Era una noche iluminada por la luna llena, había estado lloviendo durante todo el día, pero ella tenía que acabar en aquel lago, esa sería su morada eterna. Ahora sólo tendría que buscar un buen abogado que le siguiera la corriente. No aquel palurdo, que tenía cara de bombilla y que había levantando la ceja cuando le dije que se había marchado con otro.

 

 

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