Problema de cálculo

Javier Yuste González · Pontevedra 

¡No miento! Ahí estaba yo, con un catarro tal que mi cerebro bailaba él solito un reggaeton o, pensando en algo menos hortera, el último éxito de Lady Gaga. Delante de mí, ese individuo de cabeza con forma de bombilla, haciendo aspavientos en referencia a la última reforma del código de esta jurisdicción, publicada a bombo y platillo en los periódicos, a toda plana. Ya saben, el típico que va donde su abogado a darle clases de Derecho y al que le echa una galleta como premio si le oye decir lo que quiere. ¿Quién sería capaz de calcular, cuando exploté, cuán frágil sería esa cabecita ante el suave impacto de mi bate de béisbol, escondido bajo mi mesa de trabajo? Encontré restos de sus sesos en el bolsillo de mi americana hasta una semana después. ¡No es una exageración! Aún así, Señoría, lo volvería a hacer.

 

 

 

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