Paso turno

Silvia Vicedo Ramón · Alcoy (Alicante) 

Mi madre pensó que me había tocado el premio gordo al casarme. Tuvo razón. Me llevé un peso pesado de noventa kilos al que apenas le cabían los trajes para acudir al juzgado. Dependía de mí para todo; incluso para tratarse un catarro común. Azorado por el simple hecho de cambiar una bombilla en nuestra habitación, pretendía hacer una reforma integral en la casa cuando los mellizos hacían de las suyas tropezando con su taca-taca en las paredes, mientras el mayor les marcaba el sendero con rotulador. Por lo visto, todas esas eventualidades escapaban a la jurisdicción de un abogado convertido en magistrado años más tarde. Fiel a sus convicciones, tampoco supo defenderse en la demanda de divorcio que presenté. Patoso e impráctico, acabó por delegar en una novata que lo miraba embelesada, a la que mi abogado desarmó sin esfuerzo. “Enhorabuena, letrada, te llevas a un diamante en bruto…”.

 

 

 

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