Obra indivina

Ramón Vigil Fernández · Madrid 

Ese hombre llevaba razón en todo cuanto decía. Estaba muy mal hecho. Para empezar, sus piernas eran extremadamente cortas y, al juntarse ambas a la altura de la cintura, la cosa empeoraba. A partir de ahí su cuerpo se iba ensanchando en una enorme barriga que no veía su fin hasta llegar a la altura de los hombros. ¡l mismo reconocía que parecía una bombilla y su cabeza redonda y sin pelo venía a corroborar esa idea y a culminar una obra que hubiera ganado el primer premio en cualquier concurso de Halloween. Sus pretensiones, expuestas con una voz que provenía de un catarro constante, no podían ser más justas. Solicitaba una indemnización para hacerse una reforma integral. A pesar de que quería darle la razón, tuve que sobreseer el caso por no tener jurisdicción para enjuiciar un defectuoso cumplimiento del contrato de ejecución de obra por parte del Creador.

 

 

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