Mujer prevenida vale por tres

Antonio Díez Núñez · Valladolid 

María era tan seductora como inteligente. En la facultad, Juan, un tipo atractivo y pendenciero, se sentaba a su lado. Yo permanecía en la distancia deseando que se inclinara por mis encantos y aborreciera los suyos. Quedaba con ella en una calle de su elección y alumbrados por una mortecina bombilla, le pasaba mis apuntes anhelando conseguir el premio de su afecto. Al salir un día con un pertinaz catarro por una zona diferente a nuestra “jurisdicción”, los vi en una actitud imposible de soportar. Tramé una coartada para terminar con aquella pesadilla. Llevé a Juan hasta la biblioteca y mostrándole la reforma del Código Penal, le propiné un golpe con el voluminoso Derecho Romano haciéndole pasar a mejor vida. Ya libre, María me dio un pícaro beso susurrándome al oído: “Ya sabes, me gustan los chicos malos pero desde ahora, mándame los apuntes por correo electrónico”.

 

 

 

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