Justicia

Ana Belén Herrera de la Cruz · Barcelona 

El abogado le vendó los ojos. “¿Derecha o izquierda?”, preguntó. “¿Soy una criminal peligrosa bajo tu jurisdicción?, ¿una ciudadana ciega votando una reforma”. Rió ella. “Elige”, dijo el abogado acercándose con una balanza temblorosa. “Quiero acostarme, este catarro…”. “Elige”, insistió el abogado. La mujer intentó quitarse la venda. Forcejearon. La balanza agitándose. “Tendrás un premio”, susurró. Ella suspiró. Eligió. “Derecha”. El abogado hizo una mueca vacía. El ramo de rosas de la bandeja izquierda cayó. La pistola firme en la mano. Un disparo. El abogado le quitó la venda ensangrentada. Le besó. La balanza quedó en equilibrio. “Izquierda”. Cara de nada. El abogado cogió la pistola de la bandeja derecha, se la guardó. La balanza dejó caer las rosas. El abogado las recogió, se las dio a oler. Ella lo besó. Su cara brillante como una bombilla. La venda puesta. La balanza quedó en equilibrio.

 

 

 

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