El robo

Jesús Urbano Sojo 

¡Atchis! -Perdónenme, he cogido un catarro.- Continuó el abogado. -Entonces, usted, a pesar de que sabía que no era su jurisdicción, apresó a mi cliente por «robar una bombilla», según leo en su informe. -Sí. -Contestó el policía. -Sepa usted que aquella bombilla era de mi cliente. Su exmujer se negaba a darle la mitad del dinero de un trastero que tenían a medias. Y como tampoco le dejaba usarlo, él simplemente aprovechó una reforma en el trastero de al lado, para entrar en el suyo y, como castigo a su expareja, dejarla sin luz. Es cierto, se merece un premio al mayor idiota, pero no es justo que lo detengan y lo acusen de robo con premeditación. Carlos sonreía desde su asiento. «¡Qué ingenuos!» Pensaba. «No robaba la bombilla, la iba a llenar de gasolina para que, cuando la zorra de mi exmujer llegara…» ¡Atchis

 

 

 

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