Chapuzas

María Luisa Mateos Aguado · Madrid 

Cuando en julio contraté la reforma del despacho él me aseguró que tardaría dos meses, ni un día más. Han transcurrido cinco soportando frío, lluvia y cascotes. No hay ventanas. Las mesas y expedientes siguen tapados con plásticos. He perdido a mis clientes. Lo que tengo, dice el médico, no es catarro sino pulmonía. ¡Vaya premio! Por eso, ayer, cuando el albañil rompió la única bombilla que iluminaba mi mesa, no pude contenerme. Sí, le he empujado señoría, todo estaba a oscuras, no le veía. Era un chapuzas y por eso se cayó por el hueco de la ventana. Incumplió la normativa de riesgos laborales. Deberían condenarle a que me indemnice por los daños y perjuicios causados. El juez reconoce el nombre del muerto. Recuerda la obra que hizo en su casa. Firma el auto: la jurisdicción penal es incompetente, corresponde conocer los hechos al juzgado de lo social.

 

 

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