La pasante

María de las Mercedes Serrato Calero · Sevilla 

Demasiados días en esa sala. Jornadas de condena, redactando un informe tras otro, muy lejos de la arena playera. Incontables horas de radio para evadirse. Decenas de mojitos para refrescar su pasantía. Los cuadros de Sanlúcar de Barrameda y el Cabo Trafalgar se burlaban de ella, las estúpidas maquetas de barcos le recordaban su frustración.
Entró en un ataque de cólera la tarde del 26 de Julio, cuando desafortunadamente la radio vomitó la terrible melodía de Mecano “Hawaii, Bombay…”. Descontrolada tiró del teclado, que cayó, arrastrando carpetas y rotuladores. Abrió la ventana, tiró el vaso de mojito con su cañita correspondiente. Llegó el turno de la primera maqueta. Una, dos y tres fue tirándolas todas. Se deshizo de los cuadros con el mismo modus operandi. Riendo alocadamente desapareció pegando un portazo. En cinco años de carrera nadie le dijo que el límite de la abogacía llevaba a la locura.

 

 

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