La maqueta

Ricardo Kahre · Buenos Aires (Argentina) 

El fiscal Suárez no pudo reprimir su admiración por Do Carmo, su principal sospechoso. Había ido al museo de cera sólo para ver su ya célebre maqueta del crimen. Y tuvo que reconocer que la fama era merecida. La obra, que ocupaba una sala entera del museo, era perfecta. Todo estaba allí: la arena, la caseta, la sombrilla, el mar y el cielo que parecían reales. Hasta el detalle del pañuelo rojo a centímetros del cadáver de sobrecogedor realismo. El pañuelo… Suárez pegó un respingo; hasta donde recordaba jamás se había dicho nada del pañuelo en los informes; ¿cómo lo había sabido Do Carmo? Supo de pronto que tenía la prueba decisiva en sus manos. Allí mismo, frente a la réplica fantasmal del crimen irresuelto, empezó a diseñar la estrategia de la acusación. La condena del artista era ahora inevitable.

 

 

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