El juego de la toga

Juan Carlos Colás Ruiz de Azagra 

Me ajusté la toga, lancé los dados y cruce los dedos. Comenzaba el juego. Mi primera tirada fue mala y me llevó directamente a oficial incompetente y la consiguiente pérdida de un tiempo precioso. El contrario tampoco andaba muy fino y dos tiradas consecutivas le llevaban de forma irremediable a triquiñuela legal, cargada de excepciones dilatorias, e insaculación de perito. Todo ello le iba a suponer un retraso muy difícil de recuperar. Debía adelantarle. ¡Bien! de yacimiento a yacimiento y tiro porque no miento. Un yacimiento de astutos testigos me daba ventaja en la parte final del juego. Si en mis siguientes tiradas conseguía esquivar el laberinto de recursos, sería el primero en llegar a veredicto favorable y mi sueño se vería cumplido.

 

 

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